23.10.19

Los aranceles de Trump. Trabajar juntos por la agroalimentación catalana

El próximo 18 de octubre entrarán en vigor la subida arancelaria que el gobierno de Donald Trump aplicará a los productos agroalimentarios europeos. Las nuevas tasas, que suponen un aumento de hasta el 25%, tendrán un impacto económico directo y significativo en los alimentos y bebidas catalanas: el Área de Conocimiento y Estrategia de Prodeca ha valorado en 26 millones para las transacciones catalanas la subida de aranceles, un resultado que se obtiene al incrementar en un 25% el precio de los productos afectados por esta medida (casi 1 de cada 3).
 

El sector del Fine Food, primer sector exportador catalán en Estados Unidos y que con 125 M€ en 2018 representa casi la mitad de estas exportaciones, será el más afectado. Productos como los quesos, yogures, mantequilla, frutos secos, zumos de fruta y frutas procesadas incrementarán sus costes arancelarios en más del 25%. El otro sector afectado es el del vino y el cava, que exportó a los EEUU por valor de 85 M€ en 2018. 27 de estos millones implican a los vinos tranquilos, afectados por el incremento arancelario, mientras que los espumosos quedarían fuera de la medida proteccionista, así como los vinos italianos, griegos, portugueses, polacos y otras zonas vitivinícolas competidoras.

tabla aranceles Trump


 

 

Una oportunidad para poner en valor la unidad del sector

Los Estados Unidos son el 8º mercado de destino de los alimentos y bebidas catalanas y suman el 3,5% del total de las exportaciones agroalimentarias con 330 M€ exportados en 2018. Este proteccionismo selectivo de la administración Trump pone en riesgo la evolución creciente del sector agroalimentario en este país, que en los últimos cinco años ha registrado un crecimiento en facturación del 60%. ¿Qué efecto tendrá para las exportaciones catalanas? Primero habrá que resolver si el efecto de estas nuevas tasas recae en los exportadores, importadores americanos o el consumidor final.

Un escenario de incertidumbre que también puede suponer una oportunidad para los exportadores catalanes. Menos volátil que otros sectores, el agroalimentario catalán ha hecho una apuesta en los últimos años para poner en valor la calidad de su producto. Es innegable que a corto plazo el mercado norteamericano puede perder competitividad, pero a su vez hay mercados alternativos, como Japón, los países del Mercosur o Canadá, más predispuestos a las posibilidades que suponen los acuerdos bilaterales y la apertura comercial.

Castigado por un conflicto ajeno que no tiene nada que ver con la agroalimentación, es momento para que el sector agroalimentario trabaje unido para coordinar una estrategia de acción común. Esto pasa por la creación de una entidad que agrupe y defienda los intereses de las asociaciones, entidades y agentes de la industria agroalimentaria, que inicia un contexto de inestabilidad en el ámbito internacional. Los retos del sector son los retos de la economía catalana y, para afrontarlos con éxito y determinación, hace falta un ente a nivel empresarial que vele para su conjunto.

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