11.12.19
Restaurantes que son embajadas
Cocineros, empresarios, personal de sala y sumilleres nacidos en Cataluña decidieron por cuestiones familiares, laborales o de pura aventura, desarrollar su vocación culinaria bien lejos. También chefs con pasaporte foráneo, pero enamorados del recetario catalán y de sus dimensiones sociales y culturales, decidieron especializarse. Y por supuesto, muchos chefs de renombre y estrella han optado por exportar su firma en destinos lejanos. Todos ellos, por igual, son un puente cultural, anfitriones que mantienen el patrimonio catalán vivo, da igual dónde. Sus restaurantes son embajadas.
Residentes con gusto catalán
¿Xatonada, esqueixada y vinos naturales en Miami? Sí, es posible gracias a Deme Lomas y Karina Iglesias, dos dinamizadores culturales de la restauración que mantienen viva la llama barcelonesa más popular, la del barrio y la del bar abierto a todo el mundo. Sobre ruedas recorriendo Los Ángeles, Tumaca, una food truck avalada por la prensa local, propiedad de Víctor y Sybil Roquin, que se conocieron haciendo Erasmus y regalan hoy felicidad en forma de butifarra, croquetas con alioli y albóndigas. En la misma urbe, un discípulo prodigioso de elBulli, Aitor Zabala, director creativo del ThinkFoodGroup de José Andrés, ejerce también como chef en un restaurante de nombre muy sugestivo: Somni, que consiguió dos estrellas Michelin solo un año después de su inauguración. Otro bulliniano y fundador del que fuera el primero gastrobar de Catalunya, La Estrella de Plata, es el veterano Diego López Amat, que desde Chicago revisa el recetario tradicional en Mercat a la planxa. En Nueva York, un pequeño local denominado El Borne, seleccionado como Plato Michelin por la guía roja y dirigido por Elena Manich, sorprende con brunchs de arroz negro y carajillo como cierre. Ellos son una representación de la cocina catalana en una parte del continente americano, pero por otro lado, encontramos a muchos otros, como por ejemplo Òscar Bosch, mejor chef 2018 según las más importantes publicaciones especializadas de São Paulo y embajador de la cultura y la gastronomía de Barcelona en América Latina 2018, que mantiene bien arriba su restaurante de cocina creativa Tanit, seleccionado como Bib Gourmand 2019.
En Sydney, el sumiller Antoni Serra reivindica el terruño catalán y el queso de la Garrotxa en un espacio cálido, La Despensa. Singapur, tierra de acogida de catalanes y gourmands, disfruta de un local nuevo, La Cala, gestionado por el chef Eduard Castellarnau; así como ha sido durante mucho tiempo el único escenario de Pepe Moncayo, chef del elogiado de Bam!, que en breve abre Cranes en Washington. En Kuala Lumpur, David Caral implementa la oferta del restaurante Mercat Barcelona Gastrobar con conciertos, calçotades y paellas populares. Sobremesa de Edgar Quesada Pizarro en Corea del Sur presume de arroz con bogavante. Volamos hasta Berlín para degustar la sopa de pescado ampurdanesa confeccionada por el chef Eduard Canet en Begur Cocina Catalana; así como los buñuelos de bacalao del actor germano-catalán Daniel Brühl y Atiliano González, responsables de Barraval. En Irlanda una pareja de chefs, Anna Cabrera y Vanessa Murphy, preparan bombas de la Barceloneta y crema catalana. Y en Rabat, Sa Caleta es el proyecto alegre y vital de un Pep Garriga, excorresponsal de TV3; Paula Casanovas, la chef más joven de España al conseguir una estrella Michelin para su restaurante; y Flip Planas, cocinero exbulliniano. Restaurantes todos ellos muy diferentes entre sí, pero con un patrimonio común.
Chefs interestelares
Algunos de los chefs más galardonados de la cocina catalana también disfrutan de sedes culinarias internacionales. Una de las pioneras es Carme Ruscalleda, que a pesar de haber cerrado su parroquia de El Maresme, mantiene en Sant Pau Tokyo no solo su espíritu, también el reconocimiento de dos estrellas Michelin. Uno que sabe y mucho de estrellas es Paco Pérez, que lidera establecimientos que suman ocho macarons, entre ellos Cinco en Berlín, firmamento al que quizá en un futuro se añadan Tast, abierto con Josep Guardiola, Ferran Soriano y Txiki Begiristain en Manchester; y el recién estrenado Arco, en Polonia. Albert Adrià creó su ‘pop-up’ 50 Days by Albert Adrià en el mítico Hotel Café Royal de Londres para volver dos años después con un proyecto fijo, Cakes&Bubbles, donde combina postres de ejecución bulliniana con vinos espumosos. En el otro lado del Atlántico, en Nueva York, Albert también firma conjuntamente con su hermano Ferran Adrià y su excompañero de cocina y ahora celebridad José Andrés, el colosal y popular Mercado Little Spain, donde ofrecen un abanico que incluye productos y recetas catalanas. Otro bulliniano, Alain Devahive, que se estrenó hace una década en Singapur con el laureado restaurante Cataluña, ha vuelto a la misma tierra con Olivia, de corte más casual. En el mismo lugar, coronado hoy en día como destino gourmand, viajan constantemente dos veteranos de la cocina catalana de corte clásico evolutivo, como son Nandu Jubany, con Foc; y Carles Gaig, con Gaig Singapore, donde también trabaja su hija Núria. Igual de consolidados, Ramón Freixa y Sergi Arola, exportan su ingenio en Erre de Cartagena de Indias y en LAB de Lisboa, respectivamente.