18.12.19

Dieta mediterránea

La dieta mediterránea no responde solo al régimen alimentario común entre los países que comparten mar, también es el conjunto singular de conocimientos, recetas, técnicas, cultivos, pesca, ganadería, rituales, tradiciones y sociabilidad que preservan.

El acto de comer condiciona la vida diaria y la salud de los habitantes de la cuenca, desde la economía hasta las fiestas, tanto el ámbito doméstico como el externo, y por todo ello es identidad y patrimonio, literalmente, porque la Unesco aceptó en el 2013 su inscripción como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La cocina catalana cumple con todos los requisitos y por este motivo es uno de los epicentros de la dieta mediterránea.

 

Fomento del trabajo agrario, ganadero y pesquero  

La superficie de cultivo de Cataluña cubre un 25% del territorio, que corresponde a 48.891 explotaciones agrícolas, de las cuales, un 88% son dirigidas por personas físicas. La mayor parte del espacio agrícola se destina al cereal, al olivo y a los forrajes, seguidos por un empate entre la viña y los frutos con cáscara, la fruta, el arroz y los cítricos. En cuanto a la pesca, son 732 embarcaciones las que timonean en en el Mediterráneo y anclan en 34 puertos del litoral, con capturas donde predominan el pescado azul, el pescado blanco, los cefalópodos y los crustáceos. Respecto a la ganadería, las explotaciones se reparten en las cuatro provincias y se dividen en apícolas, aves y conejos, vacuno de leche, vacuno de carne, ovino y caprino, y porcino. En resumen, el abanico del primer sector de Cataluña ofrece todos los productos básicos que abraza y promueve la dieta mediterránea.

 

La pirámide

La célebre y temida pirámide nutricional es en realidad una guía de frecuencia alimentaria con el poder de cambiar nuestro estilo de vida. Sin duda, cuanto más nos acercamos a sus proporciones, más garantía de disfrutar una vida saludable tendremos. Aun así, no es una quimera, sino un espejo de la despensa natural, sin manipulación industrial, del que disponemos en Cataluña. Todos los ingredientes nacen en nuestra tierra y según las cifras del Departamento de Agricultura, el promedio de consumo se aproxima bastante al consensuado por los expertos, incluso, ha crecido en los últimos años la ingesta de frutas y verduras. El AOVE, ubicado en el corazón de la pirámide, es el denominador común en la mayor parte de las preparaciones culinarias; y el pan, la pasta, los arroces y otros cereales predominan en nuestros menús semanales.

 

Cocinar, transmitir y comer juntos

La forma de relacionarnos es también decisiva para la alimentación y la cocina es un espacio revolucionario para cambiar nuestro entorno. Cocinar juntos significa disfrutar de un proceso con incidencia directa en la economía, porque implica escoger los ingredientes con cuidado y esto nos empuja hacia los productores, los mercados y las tiendas de proximidad. También tiene una consecuencia antropológica, que es la transmisión del conocimiento intergeneracional, gracias a los consejos e historias que solo encontraremos en casa, que son parte de una herencia familiar y comunitaria que reivindica el ingenio, la ciencia, el gusto y las raíces del territorio de quien ha gestionado las comidas y, en muchos casos, el hambre. Sentarnos en la mesa, compartir viandas, brindar, agradecer el alimento al cocinero o cocinera, servir al resto y recoger platos son hechos diarios que ponen los cimientos de valores que la misma Unesco subraya, como la hospitalidad, el diálogo y el respeto. Una práctica patrimonial que enlaza también con el pueblo cuando disfruta de tradiciones y festividades que respetan los ciclos, las costumbres y la historia mutua. Sucede lo mismo cuando se mantienen pequeños eventos como las calçotades o los aperitivos dominicales junto al resto de familia, las amistades o los vecinos, porque levantar el porrón o llenar un vasito de vermut (o de mosto) es un caballo de Troya que arrastra hacia otros alimentos de la tierra, reafirma la convivencia y garantiza la unión.

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