06.07.26
Tradición vitivinícola catalana II
La filoxera moderniza la vitivinicultura
Pero para entender el actual panorama vitivinícola catalán, debemos dar un salto y situarnos en la segunda mitad del siglo XIX con la aparición en Europa de tres enfermedades del viñedo importadas de América, el mildiu, el oídium o oidio y la filoxera. Aunque es ésta última la más grave, fue la crisis del oídium la que hizo importar cepas americanas resistentes a esta enfermedad creada por hongos. Estas cepas llevaban escondida la plaga más global y devastadora de la historia de la vid, la filoxera, en forma de pequeño insecto que vive exclusivamente de nutrirse de plantas del género vitis. Las cepas americanas, por proximidad continuada, han desarrollado mecanismos que las hace resistentes al ataque, aunque pueden ser portadoras. Así, antes de que los científicos encontraran la solución, desde la primera aparición de la cenicienta en Francia y la filoxera en 1862, este insecto minúsculo, a una velocidad increíble de unos veinticinco kilómetros por año, arrebató todos los viñedos franceses. Esto creó una demanda masiva de vinos en el resto de lugares elaboradores y un gran incremento de los precios. Las plantaciones se multiplicaron y la superficie de viñedo llegó fue el 40% de todo el Estado, mientras los puertos del País Valencia, Cataluña, y Mallorca canalizaban el 80% de las exportaciones.
Pero ese momento de máxima extensión de la viticultura se interrumpió cuando, a pesar de las esperanzas de que el Pirineo pudiera hacer de barrera natural de la plaga, en Cataluña se detectaron las primeras cepas infectadas de filoxera en Rabós de Empordà en 1879. En 1893 la enfermedad ya había invadido el Penedès, hasta arrasar todos los viñedos.
Como en Cataluña se había ampliado mucho las plantaciones de viñedo, que se convirtieron en la principal actividad agraria, la llegada de la filoxera que arrebató todos los viñedos, fue una gran catástrofe económica y social que provocó que mucha gente tuviera que marcharse del campo e ir a las ciudades, atraída por los puestos de trabajo que había creado la Revolución Industrial.
Aquella crisis marcó con dos hechos lo que iba a ser el futuro del sector vitivinícola catalán. Por un lado, cuando la filoxera aún no había llegado a la Península Ibérica, algunos elaboradores y negociantes de vino franceses se establecieron en La Rioja, concretamente en Haro, porque había una estación de tren que comunicaba con el puerto de Bilbao y les permitía exportar el vino fácilmente hacia Francia. Esto trajo los métodos bordeleses de elaboración de vino de calidad con crianza en La Rioja, que así cogió prestigio y logró lo que todavía ocurre en cierto modo en la actualidad: que el vino de Rioja sea sinónimo de calidad.
Por otra parte, como la filoxera arrebató todos los viñedos, que tuvieron que plantarse de nuevo, en gran parte de la Cataluña vitivinícola y especialmente en el Penedès se optó por la elaboración de cava -champán, se llamaba entonces- que se había comenzado a elaborar una años antes, cuando Luis Justo y Villanueva, del Instituto Agrícola Catalán de San Isidro, impulsó la elaboración de un vino espumoso autóctono con el método champañés a partir de la reunión agrícola de 1862, una tarea que continuó en 1872.
Éste es el origen de la "cavización" del Penedès, y por tanto, la replantación de los viñedos con las tres variedades blancas autóctonas más adecuadas: xarel·lo, macabeo y parellada, que hacen vinos de características que, combinados, se complementan y que, además, maduran una tras otra y permiten escalonar y racionalizar la vendimia. Esta especialización provocó la desaparición de gran parte de las variedades autóctonas de uva, en una tendencia que continuó durante décadas conforme aumentaba la producción de cava gracias a la internacionalización del producto.