06.07.26
Tradición vitivinícola catalana I. De la antigüedad en la Edad Media
Cataluña, país de vinos: un recorrido de 2.700 años
Puede parecer un tópico insistir en que Cataluña es un país de vinos, pero otros países elaboradores, cuya tradición se remonta en los mejores de los casos a pocos siglos, como Argentina, Australia, California o Sudáfrica, envidian este pasado que da a nuestros vinos un prestigio y un arraigo cultural y gastronómico que los suyos no tienen.
Sabemos que el cultivo de la viña y la elaboración y comercio de vino en las tierras de la actual Cataluña tienen más de 2.700 años de historia, aunque todavía se plantean dos hipótesis sobre su introducción, siempre ligadas a los contactos entre la población indígena y pueblos foráneos, griegos y fenicios.
Una de las hipótesis propone que los introductores son los griegos foceos, que llegaron por el norte de la Península Ibérica, a partir de sus colonias de Masàlia (Marsella) y Empúries; la otra que son los fenicios, a partir de sus factorías del sur peninsular, que fundaron la ciudad deEbussus (Ibiza), a través de la cual el comercio fenicio se esparció por el territorio de la actual Cataluña. Entre la segunda mitad del siglo VII a. C. y el primer cuarto del siglo VI a., se detecta una presencia regular y continua de materiales fenicios en diferentes poblados y necrópolis indígenas tanto en el norte como en el sur de la desembocadura del Ebro, y el hallazgo de semillas de uva en los yacimientos del Cerro de la Fuente de la Caña (Avinyonet del Penedès, Alt Penedès) y Sant Jaume/Mas d'en Serra (Alcanar, Montsià) parece que se decanta por la hipótesis de introducción por el sur, porque el contexto en el que han aparecido estas semillas es claramente de influencia fenicia.
Sea como fuere, este pasado remoto sirve por un lado para ilustrar la excelente aclimatación del viñedo en nuestro territorio, y por otro, para explicar el arraigo de la cultura del vino en Cataluña, dado que es anterior, incluso, a la romanización, precursora de la actual identidad basada en la lengua catalana.
Cultivo y consumo se extendieron con la romanización y continuaron en época visigoda y también musulmana. No podía ser de otra forma, porque una parte imposible de apreciar de los habitantes de Al-Andalus eran descendientes de hispanogodos y continuadores, al menos parcialmente, de sus tradiciones agrícolas.
Durante elEdad Media, la continuidad de la viticultura y la elaboración de vino quedó en manos de la nobleza y las grandes instituciones de la Iglesia, que necesitaba el vino para celebrar la misa. Así, la explotación de los recursos se organizó de arriba abajo: el conde otorgaba tierras a sus fieles y casas religiosas como forma de remuneración de servicios y fidelidades; estos subdistribuían tierras a sus subvasales a cambio de rentas, de prestaciones militares o de simple fidelidad, y éstos hacían semejantemente hacia abajo hasta llegar al campesino viticultor.