06.07.26

Tradición vitivinícola catalana III

La revolución industrial del vino

Hacia finales de los años 60 y entrados en los 70 del siglo XX, el vino catalán era, excepto el cava, mayoritariamente vino a raudales, sin embotellar, o de calidad baja o media.

Uno de los pocos iconos de calidad era elExtrísimo Bach, un blanco semi-dulce de estilo afrancesado y precio medio. Cuando las bodegas catalanas apostaron por elaborar vinos de calidad internacional, optaron mayoritariamente por las variedades internacionales de prestigio. Por un lado, porque nunca se habían elaborado buenos vinos con las autóctonas y por tanto, no tenían prestigio, y por otro, porque las variedades internacionales venían con “manual de instrucciones”. Ya se sabía cómo hacer un vino de calidad y con crianza con cabernet sauvignon, con merlot o con chardonnay, y además, a los consumidores locales nos sonaba bien y en los mercados internacionales eran variedades conocidas y preciadas.
Así aparecieron los Raimat Cabernet Sauvignon y Chardonnay del Grupo Codorníu, que enseguida alcanzaron prestigio en Cataluña a nivel popular como vinos de gama media-alta.

En la exportación, los Torres Gran Coronas Mas La Plana (cabernet sauvignon) y Torres Milmanda (chardonnay) ganaron concursos internacionales y de prestigio en Francia, y junto a los vinos de Jean Leon, un cántabro que había hecho fortuna en la restauración de Hollywood, que también plantó cabernet sauvignon y chardonnay en el Penedès para elaborar grandes vinos que venía directamente a Estados Unidos, dieron a los vinos catalanes elaborados con estas variedades francesas buena fama internacional.

Este modelo de éxito empujó en la misma dirección al resto de pequeños y medios elaboradores, en un fenómeno que permitió la expansión de los vinos catalanes por el mundo, la modernización de las técnicas de elaboración y la consolidación del sector vitivinícola catalán más allá del cava.

El Priorat, otro camino

Pero hubo otro camino. Desde final de los años 70, el ya mítico grupo de “pioneros” o “magníficos” del Priorat decide elaborar vinos de alto nivel en esta comarca, entonces deprimida.

El proyecto dura una década en que recuperan viejos viñedos al costero y plantan nuevos, sin que nadie se crea el proyecto ni les dé ningún apoyo, hasta que finalmente presentan los primeros vinos, de la añada de 1989, que elaboran conjuntamente y etiquetan a cada uno con su marca y que obtienen eco internacional. Son los vinos de René Barbier (Clos Mogador), Carlos Pastrana (Clos del Obac), Josep Lluís Peréz (Clos Martinet), Daphne Glorian (Clos Erasmus) y Alvaro Palacios (Clos Delfín, y más adelante, La Ermita).

El secreto de estos vinos radica precisamente en que el Priorat era en ese momento una comarca deprimida, que había quedado al margen del éxito cavista del Penedès, lo que hizo imposible a los viticultores locales, empobrecidos, la replantación y sustitución de las viejas cepas de garnacha y cariñena por otras jóvenes más productivos. Esto hizo posible que René Barbier y sus compañeros encontraran ese patrimonio de viñedos viejos de variedades autóctonas, aunque no hay que olvidar que también había en aquellos vinos un importante porcentaje de cabernet sauvignon, merlot o syrah. Este hecho junto, claro, con las condiciones excepcionales del Priorato para la viticultura, clima, orografía y suelo -la famosa pizarra- y un trabajo extraordinario de aquellos entonces jóvenes enólogos, dio por primera vez fama internacional a vinos catalanes elaborados con variedades autóctonas.

La actualidad, varios modelos, varios vinos

En la actualidad, en el sector vitivinícola catalán coexisten varios modelos, tanto a nivel de bodegas como de denominaciones de origen. Desde los que por tener unas condiciones similares a las del Priorat, en cuanto al hecho de estar al margen de la DO Cava, y por tanto, de disponer de un patrimonio importante de viñedo de variedades autóctonas, como puede ser la DO Terra Alta, que hace bandera de su variedad emblemática garnacha blanca o del Empordà, que también dispone de viña el lugar y cariñena, hasta los que, como ocurre en los Costers del Segre, al ser un lugar donde no ha habido continuidad en el cultivo del viñedo y no se dispone de cepas de variedades históricas, se ha apostado por las variedades foráneas más conocidas internacionalmente, aunque últimamente se está trabajando para recuperar la variedad.

Y también hay casos en que las diversas opciones se combinan, como es el caso de la Cuenca de Barberá, donde de la variedad autóctona taladrado, que se conservó para la elaboración de cavas rosados, ahora se ha hecho emblema y comienzan a elaborarse, aparte de los excelentes rosados, vinos tintos muy interesantes, mientras también se hacen vinos y cavas de otras variedades. Es el caso también del Penedès, donde la “cavización” antes mencionada hace casi desaparecer muchas variedades autóctonas, pero donde desde hace un tiempo se ha apostado por la variedad xarel·lo, con la que se están hecho vinos extraordinarios, se recupera también la subirat pariente y la malvasía haciendo de Sitges, y en el caso de la uva oscura; pero donde gran parte de los vinos todavía se elaboran y exportan con éxito con cabernet sauvignon, merlot o chardonnay.

Comparte esta noticia